La frustración felina, mucho más de lo que se ve
La frustración felina suele quedar bastante eclipsada cuando hablamos de emociones del gato, como el miedo o la ansiedad. Sin embargo, observar qué ocurre cuando un gato está frustrado puede ayudarnos a comprender muchas conductas que, vistas únicamente desde fuera, resultan difíciles de interpretar.
Un estudio realizado por Nadine Gourkow y Clive J. C. Phillips, en gatos de refugio ofrece un punto de partida especialmente interesante. Su investigación distinguió entre tres estados emocionales —ansiedad, frustración y satisfacción— a partir de 24 conductas validadas estadísticamente, y estudió además su relación con la inmunidad de los gatos.

Pero centrémonos en la frustración de nuestros gatos en casa, empezando por el principio y comparándola con el estudio.
¿Qué es la frustración en un gato?
La frustración aparece cuando un gato quiere conseguir algo y encuentra un obstáculo que se lo impide. Puede tratarse de algo que necesita, de algo que espera que ocurra o simplemente de una acción que intenta llevar a cabo y no puede completar.
Y esto es importante, porque no estamos hablando necesariamente de que al gato «le falte algo»:
Puede tener comida, agua, lugares para descansar, juguetes y todo aquello que consideramos necesario para su bienestar y, aun así, encontrarse en situaciones que le generan frustración.
Por ejemplo, si centramos el caso dentro de nuestro hogar, podría ser que uno de nuestros gatos puede querer acceder a un lugar y no poder hacerlo, porque otro animal le bloquea el paso o que, tiene una zona habitual en la que descansar y de repente deja de poder acceder a ella.
En ambas situaciones hay algo en común: el gato intenta hacer algo para resolver lo que está ocurriendo, pero no encuentra una manera de conseguirlo. Cuando esto sucede de forma repetida o la situación se mantiene, la frustración puede aumentar.
Por eso, para comprender la frustración felina no basta con fijarnos en qué hace el gato. También necesitamos preguntarnos qué está intentando conseguir, qué se lo está impidiendo y qué posibilidades tiene de resolverlo.
Del refugio al hogar: cuando la frustración no resulta tan evidente
En el estudio de Gourkow y Clive J.C. Phillips, la frustración podía observarse de una manera bastante clara.
Algunos gatos intentaban escapar de la jaula, arañaban, empujaban objetos, golpeaban, vocalizaban o buscaban insistentemente una forma de salir. El entorno hacía muy visible que había algo que el gato intentaba conseguir y no podía.
En casa, sin embargo, las cosas pueden ser bastante más complejas.
Un gato doméstico no tiene por qué estar encerrado en una jaula para encontrarse con una situación que no puede resolver:
Un gato puede ver un pájaro por la ventana, lo observa, intenta acercarse y atraparlo, pero el cristal le impide llegar hasta él. O quiere jugar con su persona favorita y no consigue que ella participe.
La frustración de no conseguir su objetivo, le lleva a tener unas conductas muy representativas y que en muchas ocasiones, erróneamente, son con las que nos quedamos:
- Un gato que persigue insistentemente a otro puede parecer «conflictivo».
- Uno que muerde durante una manipulación puede parecer «agresivo».
- Otro que tira objetos, araña determinados lugares o vocaliza de forma insistente puede ser etiquetado como «pesado» o «demandante».
Pero antes de quedarnos con la conducta como explicación, merece la pena mirar un poco más allá: ¿qué está intentando conseguir ese gato?, ¿qué obstáculo encuentra?, ¿qué alternativas tiene y hasta qué punto puede influir sobre la situación?
Ahí es donde empieza a cambiar nuestra forma de interpretar lo que estamos viendo.
Cuando la frustración se convierte en reacción
La frustración felina no siempre termina en una conducta que nos permita identificar fácilmente qué la ha provocado. Cuando el gato no puede resolver aquello que le está generando frustración, puede acabar reaccionando de otra manera o incluso contra alguien o algo que no tiene nada que ver con el origen del problema.
Por ejemplo, el gato que se pelea con otro gato de la casa y, cuando la pelea termina, “ataca” a la persona que intenta intervenir. La persona no era el objetivo de la agresión inicial; el gato, todavía muy activado, redirige la agresión hacia quien tiene accesible en ese momento.
Es la llamada agresión redirigida (si quieres saber más sobre ella tienes un vídeo en mi canal de YouTube)
Algo parecido puede ocurrir dentro de las relaciones entre gatos. Un gato puede necesitar atravesar una zona para llegar al arenero, la comida o un lugar de descanso, mientras otro controla repetidamente ese espacio o simplemente cuando la persona insiste en una caricia que el gato no desea.

No tiene por qué haber peleas constantes: puede haber esperas, rodeos, evitación, vigilancia o intentos de pasar y retrocesos.
Hasta que un día aparece una persecución , una pelea o un mordisco que parece surgir «de la nada». El hecho en sí, es lo más visible, pero la historia de frustración puede llevar tiempo desarrollándose.
También podemos encontrarnos con otro tipo de frustración, que puede pasar más desapercibida como en el caso de un gata que ha sido mamá y que tras la separación de sus crías, continúa buscándolas, vocalizando o recorriendo los lugares donde estaban.(Frustración maternal)
La conducta maternal sigue activa, pero ya no puede completarse porque las crías no están presentes. La frustración aparece cuando esa conducta queda sin posibilidad de alcanzar su objetivo.
La frustración también puede acabar afectando al cuerpo
Hasta aquí hemos hablado de la frustración a través de la conducta, porque es lo que podemos observar con mayor facilidad. Pero la experiencia emocional del gato no está separada de su organismo.
El estudio de Gourkow y Phillips encontró un dato especialmente interesante. Los gatos que llegaron al refugio mostrando conductas relacionadas con la frustración y que recibieron durante diez días sesiones de enriquecimiento cognitivo —aprendían una conducta nueva y salían de su jaula varias veces al día— no solo mostraron un estado emocional más positivo. También presentaron mayores niveles de inmunoglobulina A (IgA) en las heces, una sustancia que forma parte de las defensas de las mucosas y ayuda al organismo frente a los agentes infecciosos.
Además, los gatos que no recibieron este enriquecimiento tuvieron más probabilidades de desarrollar una enfermedad respiratoria de vías altas durante las semanas siguientes. Los autores consideran que estos resultados son una primera evidencia de que mejorar el estado emocional de gatos que presentan conductas relacionadas con la frustración puede tener efectos beneficiosos sobre determinados mecanismos de defensa y sobre su salud.
Esto no significa que podamos afirmar que la frustración, por sí sola, provoque una enfermedad concreta.
La relación entre emociones, estrés y salud es más compleja.
De hecho, la cistitis idiopática felina (CIF) se ha relacionado con el estrés y con diferentes factores ambientales, pero no podemos decir que la frustración sea su causa. Del mismo modo, ante conductas como por ejemplo el acicalamiento excesivo o estereotipia, es necesario descartar primero causas médicas y valorar el contexto antes de atribuirlas a un estado emocional.
Lo que sí nos muestran estos datos es algo importante: lo que un gato vive emocionalmente no está separado de su cuerpo.
Por eso, cuando observamos una conducta que nos preocupa, no solo merece la pena preguntarnos qué está haciendo, sino también qué está viviendo y qué puede estar ocurriendo en su entorno.

¿Qué podemos hacer cuando un gato está frustrado?
Entender que detrás de una determinada conducta puede existir frustración cambia también la manera de intervenir. El objetivo no debería ser simplemente conseguir que el gato deje de hacer aquello que nos molesta, sino averiguar qué está intentando conseguir y qué le está impidiendo conseguirlo.
En algunos casos, la solución estará en modificar el entorno para ofrecerle más posibilidades de elección: lugares desde los que observar, zonas donde retirarse, recursos suficientemente distribuidos, vías de paso que no tenga que compartir obligatoriamente con otro gato o actividades que le permitan utilizar sus capacidades naturales.
En otros, habrá que trabajar sobre la propia situación. Si el problema aparece durante una interacción con una persona, por ejemplo, habrá que revisar qué señales está dando, tanto el gato como la propia persona, ya que en este caso con un binomio inseparable.
Y esto enlaza directamente con algo que aparecía en el trabajo de Gourkow y Phillips: la estimulación mental y el juego no eran un simple entretenimiento, sino que formaban parte de la intervención dirigida a los gatos frustrados. Explorar, jugar, resolver problemas o disponer de momentos fuera de la jaula les ofrecía oportunidades para interactuar con su entorno de una manera diferente
Y aquí podemos trasladar la reflexión a nuestro propio gato:
- ¿Tiene oportunidades para explorar y jugar?.
- ¿Puede elegir dónde estar o cómo interactuar?.
- ¿Dispone de alternativas cuando algo le incomoda?.
- ¿Hay situaciones en las que intenta conseguir algo una y otra vez sin encontrar una manera de hacerlo?
¿Qué papel pueden tener las esencias florales?
Aquí es donde, en mi trabajo, la mirada sobre la frustración adquiere otra dimensión.
No parto de la idea de que exista una «esencia para la frustración». La frustración es un estado emocional, pero la forma en la que cada gato la vive y la expresa puede ser muy diferente.
Un gato puede reaccionar con irritación y enfado cuando no consigue lo que quiere. Otro puede quedarse atrapado en una conducta repetitiva, insistiendo una y otra vez. Otro puede mostrarse agitado e incapaz de encontrar una vía de salida. Y otro puede vivir la imposibilidad de resolver una situación desde un lugar mucho más cercano a la impotencia o la desesperanza.
La conducta puede parecerse, pero el estado emocional que hay detrás no tiene por qué ser el mismo.
Por eso, cuando trabajo con esencias florales, no selecciono una fórmula simplemente porque el gato «esté frustrado». Lo que busco es comprender cómo está viviendo esa frustración ese gato concreto, qué emoción predomina y cómo está respondiendo ante aquello que no puede conseguir o modificar.
Y esta diferencia es importante también para comprender por qué una misma conducta puede llevarnos a formulaciones florales diferentes en gatos distintos.

Comprender qué hay detrás de la conducta
La frustración felina no es una «mala conducta». Es una emoción que aparece cuando el gato quiere conseguir algo, necesita resolver una situación o espera que algo suceda y encuentra un obstáculo que se lo impide.
Por eso, cuando una conducta nos desconcierta, quizá la pregunta no sea únicamente «¿cómo consigo que deje de hacerlo?», sino «¿qué está intentando conseguir y qué le está impidiendo hacerlo?».
Porque cuando entendemos qué hay detrás de la conducta, dejamos de enfrentarnos únicamente a cómo expresa el gato su malestar o disconformiadad y podemos empezar a trabajar sobre aquello que realmente está generando el problema.
Y, en el caso de las esencias florales, esa misma mirada es fundamental: no trabajar sobre la conducta aislada, sino sobre cómo está viviendo el gato aquello que le ocurre.
¿Tu gato está frustrado y no sabes por qué?
Si hay una conducta de tu gato que te preocupa, se repite o no consigues entender qué la está provocando, podemos analizar juntas qué está ocurriendo, qué puede estar generando esa frustración y qué cambios pueden ayudarle.
En mis asesorías de comportamiento felino estudiamos cada caso de forma individual para comprender qué hay detrás de la conducta y encontrar la mejor manera de acompañar al gato en su situación concreta.
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